Reivindico mi derecho a opinar sobre lo que no me parece bien. Lo hacía cuando tenía 13 años y pensaba que habían cometido una injusticia con un compañero de clase. Lo hago desde los 18 cada vez que mi abuelo opina de política delante mío. Lo estoy haciendo ahora mismo sobre mi asignatura de este otoño.
Reivindico mi derecho a opinar. Como joven, como mujer, como persona. Nos hemos acostumbrado a que las personas sigan la corriente sin hacer nada, sin dar su opinión. Tenemos que opinar solo cuando se nos pregunta, como si fuéramos niños. Yo cuando era niña, opinaba en casa porque mis padres me preguntaban. Casi siempre era sobre temas más o menos relevantes para la familia, y yo con mi poca experiencia tenía una palabra en esa casa. ¿Cómo me voy a callar ahora que yo dirijo mi vida? Creo que esto es lo que pasa cuando uno crece y madura.
Desde hace unos meses, me he encontrado en mi camino personas que a penas me conocían. Esas mismas personas no han dudado en decirme que tengo un carácter fuerte, que no soy una mujer cualquiera, que no todas son como yo y que tengo que tenerlo en cuenta. No les niego que no sea una mujer cualquiera, pero les niego que tenga un carácter fuerte. Soy vulnerable y maleable en muchas ocasiones, siempre intento adaptarme a la situación (más que forzar la situación a mi molde), intento no discutir e intento ser positiva con todo el que me rodea (más que conmigo misma seguro). No porque sea sincera y diga lo que pienso, significa que sea fuerte. Pero no, no te equivoques. No me considero débil. He luchado por llegar a donde estoy, y me siento muy orgullosa de ello. No ha sido fácil ni regalado. Aunque me cueste decirlo en voz alta, aunque prefiera pasar desapercibida entre algunos. Si tengo que salir, salgo con garra y con fuerza. No es más fuerte el que más bulla produce ni es más débil el que más calla.
Escribí un email expresando mi opinión sobre qué temario debíamos incluir en una asignatura y ha sido prácticamente ignorado por la otra persona. No porque yo sea débil, mujer o joven. El problema no es mío, es de la otra persona. Fin de mi discurso.
I claim my right to comment on what does not seem right for me. I did it when I was 13 and thought that they had committed an injustice with a classmate. I do it since I was 18 every time my grandfather says what he thinks about politics. I'm doing right now on my fall subject.
I claim my right to speak. As a young person, as a woman, as a person. We have become accustomed to people to follow the stream without doing anything, without giving their opinion. We have to give our one's view only when we are asked, as if we were children. When I was a child, my parents asked me my opinion a lot of times. It was almost always about more or less relevant issues of the family, and little Laura had a word in that house. How am I going to shut up now that I lead my life? I think this is what happens when you grow up and mature.
For several months, I have found in my way people who barely knew me. Those same people have not hesitated to tell me that I have a strong character, I'm not just any woman, not all are like me and I have to take this into account. I do not deny them that I am not just like any woman, but I deny them that I have a strong character. I am vulnerable and malleable often, I always try to adapt to the situation (rather than force the issue to my mold), try not to argue and try to be positive with everyone around me (more than about myself). Not because I am honest and say what I think it means to be strong. But no, do not make any mistake. I do not consider myself weak. I have struggled to get where I am, and I am very proud of it. It has not been easy or given away. It costs me say it out loud, and most of the time I prefer to go unnoticed among some people. If I have to go out, I go out with claw and forcefully. It is not stronger the more noise occurs nor weaker the more silent one.
I wrote an email expressing my opinion on what we should include in the syllabus of a course and it has been virtually ignored by the other person. Not because I am weak, woman or young. The problem is not mine, it is the problem of the other person. End of my speech.
¿Cómo es eso de tener en cuenta lo de no ser una persona cualquiera? ¿Es una manera de decirte que te adaptes al rebaño? Que en ciertas situaciones, ¿seas una persona cualquiera? Ese es el gran problema que tenemos. Queremos que nuestros niños sean especiales, pero luego queremos que nuestros adultos sean todos iguales (en el sentido de respetar las ¿¿jerarquías??). Y lo peor es que todo está escondido en un terrible juego de hipocresía y lucha de poderes. Tú eres especial porque eres una persona libre (en el sentido de poco oprimida por el sistema). Todos deberíamos ser libres, todos deberíamos ser especiales. Que no puedan contigo, ni con tu fuerza (que la tienes). Sabes lo que dices, sigue hablando.
ResponderEliminarEs una manera de justificar ciertos argumentos. Por ejemplo, hay que poner mujeres "a dedo" en las universidades (entiéndase, ofreciendo plazas solo para mujeres) porque no todas las mujeres son capaces de luchar por sus plazas (como yo defiendo que haré si me llega el momento). Porque claro, la mujer, el famoso "sexo fuerte", en realidad necesita ayuda. Esa es la imagen que estamos dando a los que nos rodean, a los niños que vienen y a los mayores que ya están. Y así nos va y nos irá.
EliminarAis niña, yo soy una persona muy oprimida por el sistema, como todos, porque el sistema en el 95% de los casos asfixia a cualquiera. Porque te metes en rutina, en cómo tienen que ser las cosas, en que todo se paga y todo cuesta dinero (o tiempo o espacio). Pero, ¿qué le hacemos? Por suerte, soy de ese pequeño porcentaje que trabaja de lo que le gusta y que es feliz con ello siempre que le dé para vivir de una manera más o menos cómoda. Trabajo (como si rezara) porque eso siga así. Tú no te calles tampoco, personita libre y especial. Amén hermana.