domingo, 4 de febrero de 2018

AlejandraRemon

Siempre he defendido que cada uno debía ser fiel a uno mismo, que debíamos guiarnos por nuestras pasiones y dedicarnos a aquello que realmente nos hiciera sentir realizados. También que el trabajo es algo muy importante y conseguir llegar a lo más alto requiere esfuerzo y tiempo, que debemos luchar por nuestros sueños, darlo todo, disfrutar con nuestra labor, pero... ¿Dónde está el límite? ¿Quién debe pagar el precio de tu felicidad?, ¿quién de los dos tiene la culpa?, ¿acaso yo no tengo demasiada paciencia o tu te quieres más a ti mismo que a lo que somos nosotros? ¿Cuanto debería aguantar para que sigas escalando en tu montaña de felicidad, mientras yo me resigno a esperar ese pequeño tiempo restante que decides compartir conmigo?
¿Dónde vive ese punto y aparte?
Mientras el tiempo pasa y yo me conformo con observarte, tú desde el otro lado no te percatas de que cada día me alejo un poco más. Me distancian tus excusas, esa imposición de que tu trabajo es lo primero, de que debo entender que no puedes dejar pasar esa oportunidad. Me entristece tu falta de delicadeza al pensar que yo me antepongo entre tus sueños, cuando no es así. Yo quiero verte brillar, pero no sabía que el precio era yo misma, que tus ilusiones se pagaban con mis necesidades. 
Muchas veces me he sentido egoísta por pedir un poco más de ese tiempo que no tienes, por no saber soportarlo, por no poder confiar.
Pero dime ¿No crees que perseguir tus sueños a toda costa y sin atender a quien quieres no es una gran demostración de ego? Lo haces por ti, por tus ansias, por tu necesidad de admiración, por tu futuro, tu vida, tú.
¿No crees que acompañarte también significa compartirte?
¿No te parece que es posible alcanzar lo anhelado sin desatender a alguien que te apoya en todo aquello que haces?
Y entonces he pensado: ¿Realmente es posible brillar sin pagar el precio de la soledad?
#deuxdesucre