lunes, 1 de mayo de 2017

¿Cómo no iba Romeo a enamorarse de la bella Julieta?
Tan sofisticada, tan delicada, tan prohibida.
¿Cómo no iba Julieta a enamorarse del apuesto Romeo?
Tan caballero, tan valiente, tan imposible.

Se encontraron sin buscarlo,
se miraron sin poder evitarlo.
¿Cómo iba a Romeo a ignorar a Julieta?

La buscó, sabiendo quien era,
y la atrapó, sabiendo lo que hacía.
¿Cómo iba Julieta a no desear a Romeo?

La tentación,
el juego,
lo prohibido.

¿Quién puede
resistirse,
evitarlo?

El amor,
la lujuría,
la pasión.

No hay estado más puro,
que aquel en el que dejamos de ser
para fusionarnos y ser uno.

Resuenan tus latidos en mi pecho,
mis manos te rozan sin tocarte,
nos sentimos sin tenernos cerca.

Respiro el aire que respiras,
camino siguiendo tus pasos
y sin embargo, muero.

Muero porque tus labios rocen los míos,
siendo ese beso delicado y eterno,
tan eterno que dejemos de existir.

¿Cómo puede Romeo no enamorarse de Julieta?
¿Cómo puede Julieta no entregarse a Romeo?
Enamorados y entregados,
en un amor eterno y prohibido.

¿Para qué vivir si no te puedo tener a mi lado?
¿Para qué respirar si tus besos no me dan aliento?
¿Para qué latir si no es siguiendo tu ritmo?

¿Vivir y ser dos miserables, o
morir y ser eternamente uno?
Romeo y Julieta murieron para ser eternos,
¿por qué seguimos siendo miserables?