Son las 20:47 de un Domingo. Escribo desde mi oficina en el Instituto Fields en Toronto. Aún no es de noche. Quizá por eso se me ha hecho tan tarde. Estaba recogiendo la oficina cuando he mirado el reloj y he visto que las 8 ya habían pasado. Pese a ser Domingo, he llegado más tarde que los últimos Domingos que recuerdo. No sé cuándo fue la última vez que no viene a la oficina durante el fin de semana. Y la verdad es que no me importa, aunque hoy pesara un poco más.
Estoy triste. No de llorar o porque algo esté mal. Pero estoy triste y pesa. Ayer hice las dos maletas que me acompañarán en mi nueva aventura y hoy tiré todos esos papeles (y más papeles) que me han acompañado en estos dos últimos años. No os imagináis la cantidad de papel que se puede gastar como investigadora y profesora. A mí sigue sorprendiéndome lo mucho que pesa.
La oficina está casi vacía. Mi casa está casi vacía. Y aún así la siento llena. Sigue teniendo una parte importante de mí. Esta semana se me va a hacer eterna y a la vez me va a faltar tiempo. No porque quiera hacer muchas cosas, porque en realidad no hay mucho que quiera hacer. Sí que tengo mucho que hacer, pero como desde hace unos meses. Parece que siempre hay mucho que hacer. Creo que se debe a que me encanta mi trabajo.
Les voy a echar de menos, a los tres bitchillos, al jefe, a la chica de los paseos y al italiano. Podría añadir un par de nombres más, o incluso al camarero del café de enfrente de casa. Tengo el sentimiento de que voy a volver, de que mi tiempo en esta ciudad no ha acabado, o de que al menos dejo a parte de la familia aquí. Y a la familia se la visita de vez en cuando.
No te confundas, tengo muchísimas ganas de Alemania y la aventura que viene de la mano. Me hace sonreír de forma tímida. Se avecinan unos meses complicados, estresantes y llenos de emociones. Pero eso ya lo pienso en una semana. Aquí y ahora, está siendo un momento complicado. Me he mudado dos veces de ciudad y esta tercera es sin duda la que está dejando un sentimiento más raro.
Me queda una semana, señores, y ya es hora de irse a casa.
Lau